Skip to main content

La creatividad no es magia; es la habilidad de tomar ideas existentes y unirlas de formas nuevas. Regla de oro: si no aporta valor, es humo.

Es un proceso de decantación en tres pasos: acopio, copio, pío.

Acopio

Mirar mucho y de disciplinas distintas. Sin materia prima no hay ideas.

El problema de algunos profesionales de la comunicación es que solo miran comunicación. Se alimentan de lo mismo que hacen y luego se preguntan por qué todo les suena igual.

El acopio no es acumular referencias. Es exponerse a disciplinas que no son las tuyas: filosofía, arquitectura, poesía, antropología, arte, teatro, biología. Cuantas más cajas abres, más conexiones posibles.

Copio

Copiar bien es seleccionar y comprender. Si copiar fuera fácil, Instagram no estaría lleno de frases de pena. Copiar bien es el primer paso para desarrollar criterio.

Pío

Con práctica y criterio, aparece la voz propia. Pero trabajar no es solo sentarse delante de una pantalla. Es tener la cabeza preparada para que una conversación, una fachada, una servilleta o una frase escuchada al pasar te den la conexión que necesitabas. Chuck Close lo decía sin rodeos: «La inspiración es para aficionados. El resto de nosotros simplemente nos presentamos a trabajar.»

Acopio, copio, pío
Los sellos de «Acopio, copio, pío» nacieron para una exposición en la Taberna Fuenseca, Córdoba. Se los regalé a Goval y me los devolvió convertidos en esta caja. Y ruede la rueda y gire la noria.

Pensar fuera de la caja… ¿de qué caja?

Todo el mundo habla de pensar fuera de la caja. Pero no existe una caja universal de la que podamos salir a placer. Pensamos desde lo que hemos acopiado. Lo que sí existen son cajas locales que podemos hacer saltar: convenciones de una disciplina, un lugar o una institución.

Por eso, el primer día de clase, reparto estas postales de Acopio, Copio y Pío a mis alumnos. Para ellos, es una invitación a pensar fuera de la caja de Loyola. Para mí, es pensar dentro de mi propia caja, utilizando un formato que ya he empleado en algunas campañas y ahora me llevo a Loyola.

El pensador intruso

Para romper esas convenciones hay que jugar a ser lo que Jorge Wagensberg llamaba un pensador intruso.

En contra de lo que se suele proclamar, romper las reglas es lo fácil. Por eso tanta gente vende innovación vacía. Lo verdaderamente interesante es el intruso: el que se mueve adrede entre disciplinas, el que lleva una idea de un campo a otro, el que fertiliza cruzando fronteras.

Como decía Orson Welles cuando le preguntaban cómo había hecho Ciudadano Kane siendo un absoluto novato: «Ignorancia… pura ignorancia. No hay confianza que se le pueda comparar. Solo cuando sabes algo sobre una profesión eres tímido o cauteloso.»

Cruzar la publicidad y la filosofía, la técnica y el arte, lo ajeno y lo propio. De ese cruce sale todo.

Acopio, copio, pío.